Bajka o Księciu Michale

La Fábula del Séptimo Viaje del Príncipe Miguel Basada en el Libro de Urantia

Capítulo 1: El Príncipe que quería comprender

En la parte más hermosa del cosmos, llamada Nebadon, vivía el joven Príncipe Miguel. Era un príncipe extraordinario – él, con su imaginación y su voluntad, había creado todo este reino: planetas que bailaban alrededor de soles, espirales estelares, cometas con colas de nebulosa y seres sabios con corazones luminosos.

Miguel era un buen gobernante, pero algo muy importante lo preocupaba. Un día le dijo a su consejero, un viejo sabio llamado Melquisedec:

—Quiero ser no solo un príncipe que gobierna. Quiero ser un príncipe que comprende. ¿Cómo puedo guiar sabiamente a todos estos seres diferentes si no sé lo que es ser cada uno de ellos?

Melquisedec asintió, y su larga barba plateada brilló como polvo cósmico.

—Eso, Príncipe, es la lección más importante que un gobernante puede aprender. Seis veces ya has viajado, convirtiéndote por un tiempo en distintos seres de tu reino. Pero hay un viaje más, un séptimo viaje: el más importante y el más difícil.

Capítulo 2: La decisión más difícil

Miguel supo de inmediato de qué viaje hablaba el sabio. Era sobre la Tierra – el planeta azul donde vivían los humanos. Eran los más pequeños y débiles de todas sus criaturas, pero también los más complicados.

—Quiero ir allí —dijo Miguel con firmeza—. Pero no como un príncipe poderoso. Quiero aparecer como… un bebé indefenso. Quiero experimentar una vida humana completa: aprender a caminar, hablar, sentir alegría y tristeza, tal como ellos lo hacen.

Un silencio cayó en la sala del trono. Incluso las estrellas tras los ventanales del palacio parecían parpadear más lentamente.

—Eso es muy peligroso —intervino Gabriel, el heraldo del reino—. En la Tierra a veces reina el caos. Y aquí, en Nebadon, podrían surgir problemas en tu ausencia.

—Lo sé —respondió Miguel—. Por eso les pido ayuda.

Capítulo 3: Promesas y preparativos

Miguel llamó a su hermano mayor, Emmanuel – el sabio más grande de todo el cosmos.

—Emmanuel —dijo Miguel—. Cuando yo esté en la Tierra, aprendiendo lo que es ser humano, ¿te encargarías de mi reino aquí? ¿Gobernarías en mi nombre?

Emmanuel miró a su hermano con ojos cálidos que reflejaban galaxias.

—No solo te lo prometo, Miguel. Te lo juro. Cuidaré de Nebadon como si fuera mi propio reino. Y lo que es más – he recibido una promesa de los propios Guardianes del Tiempo, desde el centro del universo. Cuando tú no estés, ningún mal se atreverá a perturbar la paz aquí. Cada rebelde sellará su propio destino.

Miguel respiró aliviado. Sabía que podía confiar en su hermano. Pero Emmanuel no había terminado de hablar.

—Escucha mi consejo, hermano, antes de partir. Tu viaje no debe ser solo una lección – debe ser un regalo para la humanidad.

Capítulo 4: Los siete regalos para la humanidad

Emmanuel extendió su mano, y en su palma aparecieron siete esferas luminosas.

—Cada una de estas esferas es una tarea que debes cumplir en la Tierra —comenzó a enumerar—. Primero: Vivirás como un ser humano ordinario. Aprenderás, trabajarás, comerás y dormirás como ellos.

Segundo: Encontrarás a aquellos que se han rebelado contra el bien. Pero no los vencerás con el poder de un príncipe. Los vencerás como un humano débil – mediante una fe que es más fuerte que cualquier poder.

Las esferas en la mano de Emmanuel brillaron más intensamente.

—Tercero: Cuando regreses, recibirás el título de “Príncipe de la Tierra” en recuerdo de este viaje.

Cuarto: Tu vida en la Tierra terminará de una manera que dará esperanza a la humanidad para siempre.

Quinto, y el más importante: Serás un maestro. No uno que se para frente a una pizarra, sino uno que con su vida muestra cómo amar, cómo perdonar, cómo no tener miedo. Sanarás no solo los cuerpos, sino también el miedo en los corazones.

Miguel escuchaba con asombro creciente.

—Sexto: A través de tu vida, las personas comprenderán que nunca están solas. Que dentro de cada una de ellas hay una chispa de algo grande. Una chispa de nuestro Padre común.

Y séptimo —Emmanuel miró a su hermano directamente a los ojos—: Tu vida no será solo una lección para la Tierra. Será una inspiración para todo el cosmos, para siempre. Cada ser en Nebadon, ahora y dentro de millones de años, oirá esta historia y sabrá: la verdadera fuerza es la comprensión, y el verdadero poder es el servicio.

Capítulo 5: La última advertencia

—Pero recuerda —agregó Emmanuel con gravedad—. Serás un verdadero ser humano. Olvidarás que eres un príncipe. Sentirás hambre, fatiga, tristeza. Y aunque en lo profundo de tu alma siempre serás quien eres – príncipe y humano en uno – tu parte humana lo irá descubriendo lentamente.

—¿Y si… y si lo olvido por completo? —preguntó Miguel con inseguridad.

—Entonces —sonrió Emmanuel misteriosamente—, entonces confiarás. Tal como tus seres confían en ti ahora. Y esa será la lección más importante de todas.

Capítulo 6: El comienzo del viaje

Llegó el día de la partida. Frente al palacio se habían reunido todos los seres de Nebadon. Las estrellas titilaban más brillantes de lo habitual, y los planetas se alinearon para despedir a su príncipe.

Gabriel se paró frente a Miguel.

—No temas, Príncipe. Velaré por ti desde lejos. Y Emmanuel gobernará aquí con sabiduría y justicia.

Miguel miró a su alrededor por última vez. Luego asintió a Emmanuel, que había ocupado su lugar en el trono.

—Recuerda —dijo Emmanuel—. Vive como si tu vida tuviera que inspirar a todo el universo. Porque eso es lo que hará.

Y entonces Miguel se dio la vuelta. No subió a su reluciente cohete. No usó ningún poder mágico. Simplemente… desapareció. Como si se hubiera disuelto en la luz.

Capítulo 7: En la Tierra

Esa misma tarde, en una pequeña casa en un lugar llamado Belén, nació un niño. Lloró como todos los niños. Era pequeño, indefenso y completamente dependiente de sus padres.

Sus padres, José y María, le pusieron el nombre de Jesús.

No sabía que era el Príncipe Miguel. No recordaba el palacio de nubes plateadas ni a los amigos entre los cometas. Solo sabía que era amado.

Y muy lejos, en el reino de Nebadon, Emmanuel gobernaba con sabiduría y justicia. A veces miraba hacia el planeta azul y sonreía.

—Aprende, hermano —susurraba—. Aprende lo que es ser humano. Y cuando regreses, serás el gobernante más grande que el universo haya visto jamás. No porque seas el más poderoso, sino porque eres el que más comprende.

Y así comenzó el viaje más importante en la historia del cosmos – el viaje de un príncipe que se hizo niño para aprender la mayor sabiduría de todas: la comprensión.

El Fin, o mejor dicho: El Comienzo de la Verdadera Historia.

Enlace al vídeo:

https://youtu.be/Dpo4Dqhfy3o

Basado en el documento 120 del Libro de Urantia:

https://www.urantia.org/urantia-book-standardized/paper-120-bestowal-michael-urantia

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